Nace en una familia de artistas plásticos y empresarios de Brasil. Se cría entre la naturaleza, sus pueblos originarios y la gran ciudad.

Crece jugando con el arte y experimentando desde la más temprana edad. A los once años hace su primera exposición individual.

En la adolescencia se nutre tras formar parte del proyecto social para comunidades indígenas creado por su padre. En el transcurso de esa experiencia, empieza a sentir la necesidad de ir al origen de lo que significa “ser humano” a través de los conocimientos indígenas ancestrales.

A los diecinueve años decide ser madre y es aquí cuando su potencial creativo se empieza a materializar. Busca crear a su hija siguiendo lo que había aprendido entre las comunidades  indígenas. Abre un taller en medio de la naturaleza donde desarrolla una línea de diseño artística basada en el arte indígena, rupestre y grafismos corporales.

Durante seis años experimentó con fibras y pigmentos naturales  dando carácter y vida a objetos de diseño moderno, igual que hacían los indígenas con utensilios de uso diario como platos, tapices y cuadros.

Pasan los años  y mientras crece su hija, Eliza ve la necesidad de acercarse a la ciudad para darle nuevas estructuras y decide irse a Barcelona con la intención de ampliar su conociemiento artístico.

Llega al inicio de una de las mayores crisis financieras del país y deja el arte como forma de vida para trabajar cara al público. Después de ocho años sumergida en el modelo consumista siente la necesidad vital de recuperar el conocimiento ancestral adquirido durante su adolescencia y traerlo a su entorno.

Vuelve a conectar con chamanes y curanderos de varias partes del mundo en Barcelona y empieza un nuevo estudio del mundo ancestral: las curas.

De nuevo,  acompañada de su padre empieza una formación de las esencias florales de los Pirineos donde recuerda  las enseñanzas de su abuela materna, remedios naturales y caseros.

Emerge una nueva etapa en la vida artística de Eliza, una inmersión en conocimientos chamánicos.

En ese momento es cuando nace Memoria Ancestral, una fusión entre el arte y la sabiduria ancestral.

Con su hija ya mujer,  nuevamente se dedica al arte y vuelve a buscar pigmentos naturales, los mezcla con hierbas, aguas de flores y resinas de Amazonia y Cataluña. Es cuando toda la historia de Eliza se fusiona en un solo proyecto artístico. Memoria Ancestral, es en realidad, el resumen de todo lo vivido por la artista, su infancia su adolescencia y su parte adulta. La vida entre dos mundos, la naturaleza, el arte, lo ancestral, las grandes ciudades, el viejo y nuevo mundo en uno.

El fotografo

César Lucadamo pionero del retrato urbano improvisado en España. Su colección de imágenes le valió la credibilidad entre las agencias más prestigiosas de publicidad de Madrid y Barcelona, así como en las revistas de tirada nacional e internacional. Se convirtió en fotógrafo profesional en 1991.

Además de trabajar en ese campo, le gusta su profesión como medio para expresarse y comunicarse con los demás. Se siente fotógrafo de la vida, donde todo lo que vive lo puede expresar a través de su trabajo. Le gusta retratar al ser humano, como una forma de entrega, aprendiendo en cada momento nuevo, a dar y recibir.

Cree en el espíritu vivo de la gente y la naturaleza, en constante transformación, y a partir de ahí, iniciar la creación. Ser artista para él es sinónimo de estar vivo; plasmando rostros que evocan vida, escenas que transportan a otras realidades, convirtiendo las imágenes en toda una historia más allá de lo captado  por el objetivo de la cámara.

“Trabajar con Eliza Marx en Memoria Ancestral me ha dado la oportunidad de plasmar en imagen todo su potencial artístico e inmortalizar lo efímero de la pintura corporal

César Lucadamo